
Érase una vez una niña algo tímida, muy inocente y que siempre pasaba desapercibida. crecía pensando que algún día cuando fuera "mayor", decía ella, se le cumplirian todos sus deseos y no se tendría que preocupar de nada. ¡Los mayores tenían una vida tan fácil! ( pensaba ella inocentemente).
Poco a poco se fue dando cuenta de que la vida era mucho más complicada de lo que siempre se había imaginado. Cuanto más mayor te haces más problemas se crean. Algo, que antes era insignificante para aquella niña, poco a poco se iba comvirtiendo en problema. Seguía siendo una niña inocente en un mundo de adultos. Cosas en ella cambiaban pero, tenía la sensación de que cambiaba a un ritmo distinto al de resto e niñas.
Sus compañeras ya tenían lo que ellas llamaban novios, ellas ¡ya usaban sujetador! e incluso sus padres las dejaban salir por la noche.
Pero por aquellos entonces a ella todavía esas cosas no le interesaban demasiado.
Su inocencia persistía pero su timidez poco a poco se trasformaba, se daba cuenta de que no podía pasar despercibida. Creo que es cierto eso de que hay que golpearse para darse cuenta de muchas cosas, y presiento que es lo que le pasó a aquellas niña.
Glpe tras golpe pasó de ser una niña inocente y tímida con ganas de crecer rápido, a ser una adolescente con las mismas ganas de crecer y la misma inocencia pero con ganas de comerse el mundo y sin que nadie la dijera cómo.
Creo que después de muchos golpes y caídas esa niña comprendió que la inocencia la gente la pone como una virtud, pero porque ellos no la sufren. En realidad es un defecto, ¡uno bien grande!
Hoy en día esa adulta, que algunos se atreven a decir, querría volver a ser aquella niña inocente, tímida y que pasaba desapercibida. Aquella niña que se divertía jugando a cocinitas y no se preocupaba por nada ni lloraba por nadie.
Si, porque es muy fácil decir que no mereces llorar por nadie, pero sabes, y todo el mundo sabe, que en numerosas ocasiones tus sentimientos te superan.
Una vez la dijeron a aquella niña que de buena era tonta. L a verdad, y desde mi hmilde opinión, creo que era muy cierto. Pero qué podía hacer aquella niña?. Nada, aguantarse y dejar que su inocencia y sus sentimientos la siguieran dominando.


